• Arca de Maria
  • Arca de Maria
  • Arca de Maria
  • Arca de Maria
  • Arca de Maria
  • Arca de Maria
Para que venga tu Reino oh Jesús, venga el Reino de María

CONSAGRACIÓN TOTAL “A JESÚS POR MARIA” san Luis María Grignion de Montfort

La Total Consagración a la Santísima Virgen también llamada “Santa Esclavitud de amor” o simplemente esclavitud mariana es una espiritualidad que remonta a los primeros siglos de la Iglesia. Pasando por la escuela francesa del siglo XVII del cardenal de Berulle, Boudon, Olier, Condrem, san Juan Eudes, etc., y en san Luís María Grignion de Montfort esta doctrina encontró su expresión más perfecta quedando inmortalizada en el célebre escrito El Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen”. Esta espiritualidad consiste en una total consagración a la Virgen, con la entrega de todo lo que somos y tenemos para que a través de ella podamos pertenecer más perfectamente a Dios. La finalidad de esta total entrega es la de unirnos a Jesucristo y hacer crecer en su gracia. Nos entregamos totalmente a María para que ella nos enseñe a cumplir en nuestras vidas la santísima voluntad de Dios. Por la Total Consagración, renovamos nuestras promesas bautismales, y recuperamos la conciencia de nuestro estado de pertenencia a Dios. Todo eso a través de María, como Jesús quiere, para que Ella nos enseñe a ser fieles a nuestra adhesión a Cristo bien como de la renuncia de todo mal.

¿Qué es el Tratado de la Verdadera devoción a la Santísima Virgen?
El Tratado de la Verdadera Devoción a Santísima Virgen fue escrito por san Luís Grignion de Montfort en 1712. Tal libro demuestra con gran sabiduría, clareza y unción quién es la Santísima Virgen, cuál es su papel en la vida de la Iglesia y de cada persona en particular. De hecho el libro muestra la misión materna que Dios confió a la Santísima Virgen, las razones y la manera como Dios sujetó a ella todos los corazones, así como el papel de la Santísima Virgen en el establecimiento del reinado de Cristo y su unión íntima con el segundo adviento de su Hijo. Debida a la gran fuerza que ese escrito tiene para llevar a las personas a la verdadera santidad, fue fuertemente combatido por el enemigo infernal. El demonio quiso destruirlo verdaderamente, pero Dios no lo permitió. Sin embargo, el enemigo escondió ese tratado durante ciento treinta años. Fue rencontrado en 1842 en un arca de libros viejos. Publicado en 1843 se cambió en lectura obligatoria de toda alma piadosa que buscase la santidad.


¿Qué diferencia hay esta consagración de las demás consagraciones a María?
Todas las consagraciones a María son buenas y validas, pero la esclavitud mariana tiene una particular que las demás consagraciones no tienen, es que por esta consagración uno se entrega por entero a Jesús por María (alma, cuerpo, bienes materiales y bienes espirituales) con todo lo que es, mientras que en las otras consagraciones marianas solamente se pone bajo la protección de María. Con esta consagración entregamos incluso el valor de las buenas obras (bienes espirituales) para que Ella pueda disponer según a su gusto para la mayor gloria de Dios. Este punto distingue la esclavitud mariana de todas las demás consagraciones y la hace única y preciosa a los ojos de Dios pues es la total renuncia y abnegación de uno mismo.


¿Quién puede hacer la total consagración?
¡Todos!
Todos aquellos que desean vivir su bautismo, es decir, todos los que quieran ser santos poden y deben hacer esta consagración, pues la Santa Esclavitud de Amor a Jesús por María es necesaria para todos:
Para los principiantes, ¡es luz!
Para los flojos, ¡fuerza!
Para los fervorosos, ¡ideal!
Para los santos, ¡heroísmo!

¿Que ocurre cuando nos consagramos a María como sus esclavos de amor?
Nosotros confirmamos la soberanía de Dios y de la Santísima Virgen en nuestras vidas, entregando TODO que somos y que tenemos a Jesús por las manos de María. Aquí, TODO quiere decir TODO. Nuestro cuerpo con todos sus sentidos, nuestros bienes materiales y nuestra alma con todas nuestras riquezas espirituales, nuestros pensamientos, nuestros deseos y voluntades. Así, mismo los méritos de nuestras oraciones, sacrificios y buenas obras pasan a pertenecer a María Santísima para que Ella pueda usarlos como le apruebe. Por la Santa Esclavitud de Amor pasamos a no poseer nada más. Todo pasa a ser de María, para que de este modo todo pueda ser de Dios.

 

¿Cómo hacer esta Total consagración?

El primer paso es leer y profundizar la doctrina del Tratado de la Verdadera devoción a la Santísima Virgen y posteriormente marcar una fecha para hacer su consagración, (de preferencia una fecha mariana), y empezar los ejercicios preparatorios que duran un mes. Hay un libro: «Mes de Preparación para la Total Consagración» con las meditaciones para cada día que nos ayudan en este tiempo de preparación.

¿Hay que meterse en algún grupo para hacer la consagración?

No necesariamente.

La consagración es algo individual, totalmente intimo entre uno mismo y Dios. A final es una llamada de la Virgen a la cual respondemos generosamente. Pero es verdad que hacerla en grupo es muy positivo, porque existe una preparación, unas charlas que te ayudan a comprender mejor todo lo que has leído en el Tratado, y unos retiros para que puedas asimilarlo todo en su vida cotidiana. Luego hay ceremonia de consagración en la cual uno también da testimonio de lo que esta haciendo. Conozco muchas personas que ya habían hecho la consagración individualmente, y luego al enterarse de grupos de preparación han querido participar de las charlas y renovar la consagración de manera mas consciente, y afirman ser muy provechoso.

“Cadenas de verdadera libertad”

Las cadenas que los esclavos de María llevamos son un signo externo de nuestra total consagración a Jesús por María. “Una vez sacudidas las cadenas vergonzosas de la esclavitud del demonio  con que el pecado original y tal vez los pecados actuales los tenían atados , se han sometido voluntariamente a la esclavitud de Jesucristo y se glorían como san Pablo, de estar encadenados por Jesucristo (Ef 3,1 y Flm 1,9)” (san Luis María de Montfort).

La consagración no obliga uno a llevar cadenas, uno puede muy bien hacer la consagración y no llevar ningún signo externo que lo demuestre, pero es verdad también que aunque estos signos externos no son el esencial de la consagración, pues el esencial está en el interior del corazón, en hacer todas las cosas por, con, en y para María - nos ayudan a mover el interior, a igual que los novios llevan un anillo como señal externo de su amor de uno al otro, llevamos nuestras cadenas como señal externo de nuestro amor y total entrega a Jesús por María.

Les transcribimos el texto del Tratado de la verdadera Devoción donde san Luis, recomienda el uso de las cadenillas.

236. Tercera Práctica. Es muy laudable, glorioso y útil para quienes se consagran como esclavos de Jesús en María, llevar como señal de su esclavitud de amor, alguna cadenilla de hierro bendecida oportunamente. Estas señales exteriores no son, en verdad, esenciales y bien pueden suprimirse, aun después de haber abrazado esta devoción. Sin embargo, no puedo menos de alabar en gran manera a quienes, una vez sacudidas las cadenas vergonzosas de la esclavitud del demonio con que el pecado original y tal vez los pecadores actuales los tenían atados se han sometido voluntariamente a la esclavitud de Jesucristo y se glorian con San Pablo de estar encadenados por Jesucristo, con cadenas mil veces más gloriosas y preciosas aunque sean de hierro y sin brillo que todos los collares de hierro de los emperadores.

237. En otro tiempo no había nada más infame que la cruz. Ahora esta madero es lo más glorioso del cristianismo. Lo mismo decimos de los hierros de la esclavitud. Nada había entre los antiguos más ignominioso ni lo hay ahora entre los paganos. Pero entre los cristianos no hay nada más ilustre que estas cadenas de Jesucristo, porque ellas nos liberan y preservan de las prisiones infames del pecado y del demonio, nos ponen en libertad y nos ligan a Jesús y a María no por violencia y a la fuerza como a presidiarios, sino por caridad y amor, como a hijos "Los atraeré a mi dice el Señor por la boca de su profeta con cadenas de amor". Estas cadenas son, por consiguiente, fuertes como la muerte y, en cierto modo, más fuertes aún para aquellos para quienes sean fieles en llevar hasta la muerte estas señales gloriosas. Efectivamente, aunque la muerte destruya el cuerpo reduciéndolo a podredumbre, no destruirá las ligaduras de esta esclavitud, que siendo de hierro no se corrompen fácilmente y en la resurrección de los cuerpos en el gran juicio del último día, estas cadenas que todavía rodearán sus huesos, constituirán parte de su gloria y se transformarán en cadenas de luz y de triunfo. ¡Dichosos, pues, mil veces los esclavos ilustres de Jesús en María, que llevan sus cadenas hasta el sepulcro!

238. Estas son las razones para llevar estas cadenillas:
1º para recordar al cristiano los votos y promesas del Bautismo, la renovación perfecta que hizo de ellos por esta devoción y la estrecha obligación que ha contraído de permanecer fiel a ellos. Dado que el hombre, acostumbrado a gobernarse más por los sentidos que la fe pura, olvida fácilmente sus obligaciones para con Dios, si no tiene algún objeto exterior que se las recuerde, estas cadenillas sirven admirablemente al cristiano para traerle a la memoria las cadenas del pecado y de la esclavitud del demonio de las cuales los libró el Bautismo y de la servidumbre que en el santo Bautismo prometió a Jesucristo y ratificó por la renovación de sus votos. Y una de las razones que explican por que tan pocos cristianos piensan en los votos del Bautismo y viven un libertinaje propio de paganos como si a nada se hubieran comprometido con Dios es que no levan ninguna señal exterior que les recuerde esto;

239. 2º para mostrar que no nos avergonzamos de la esclavitud funesta del mundo, del pecado y del demonio; 3º para liberarnos y preservamos de las cadenas del pecado y del infierno. Porque es preciso que llevemos las cadenas de la iniquidad o las del amor y la salvación.

240. ¡Hermano carísimo! Rompamos las cadenas de los pecados y de los pecadores, del mundo y de los mundanos, del demonio y de sus secuaces. Arrojemos lejos de nosotros su yugo funesto. "introduzcamos nuestros pies por usar el lenguaje del Espíritu Santo en los grillos gloriosos de Jesucristo; tendamos nuestro cuello a sus cadenas". Inclinemos nuestros hombros y tomemos a cuestas la Sabiduría, que es Jesucristo: "Encorva tu espalda y cárgala, no te rebeles contra cadenas". Toma nota de que el Espíritu Santo, antes de pronunciar estas palabras, prepara al alma a fin de que no rechace tan importante consejo, diciendo: "Acepta mi sentencia y no rechaces mi consejo".

241. No lleves a mal, amigo mío, que me una al Espíritu Santo para darte el mismo consejo: "Sus cadenas son cintas preciosas" Como Jesucristo en la cruz debe atraerlo todo hacia sí de grado o por fuerza, atraerá a los réprobos con las cadena de sus pecados para encadenarlos, a manera de presidiarios y demonios, a su ira eterna y a su justicia vengadora; mientras atraerá particularmente en estos últimos tiempos a los predestinados, con las cadenas del amor: "Todo lo atraeré a mí". "Los atraeré con cadenas de amor".

242. Estos esclavos de amor de Jesucristo o encadenados de Jesucristo pueden llevar sus cadenas al cuello, en los brazos, en la cintura o en los pies.

El P. Vicente Caraffa, séptimo Superior General de la Compañía de Jesús, que murió en olor de santidad en el año 1643 llevaba, en señal de esclavitud, un aro de hierro en cada pie y decía que su dolor era no poder arrastrar públicamente la cadena.

La Madre Inés de Jesús, de quien hablamos antes, llevaba una cadena a la cintura.
Otros la han llevado al cuello, como penitencia por los collares de perlas que llevaron en el mundo... y otros, en los brazos, para acordarse durante el trabajo manual de que son esclavos de Jesucristo.